“Un chico de diez años que llora como niño y delinque como adulto”
Pensaba en la falta, y pensaba en el deseo también. Falta de ser- falta de objeto. Pensaba en la necesidad imperiosa de buscar ese disparador estructural de la vida, que mueve, que incita, que determina. Pensaba en la ausencia de entusiasmo e ilusiones, quería no confundirlo con la ausencia de pasiones, pero me fue imposible.
Indispensable es creer en la autodeterminación y en la trascendencia mundana. Certero resulta sostener la existencia en proyección activa. Irrisorio se vuelve creer que la vida tiene valor en quienes lo han perdido todo, o bien, nunca han tenido nada…
Todo, nada, extremos que desencadenan disímiles maneras de caminar en relación al yo, al otro.
Carencias que determinan tu vida y la mía.
Un chico de 10 años llora como niño y delinque como adulto.
Un nadie, desterrado y con un universo simbólico que lo nombra excluido.
Un chico de 10 años que no come, no se educa, y desconoce el entorno facilitador.
Hablaba de la falta, hablaba del deseo, y pensaba que quien carece de significación como sujeto, difícilmente pueda hacer sentido para si. No vale mi vida, porque la suya no cotiza en la Argentina. Porque sus huellas identitarias son marca solo en relación a un expediente. Porque le falta ser, no solo por su incompletud estructural, le falta además haber sido deseado, cobijado, valioso; o en su defecto: serlo ahora.
Con que soñar, cuando los sueños son prestados, o robados. Desear establece un horizonte posible de concreciones, pero debería haber un camino trazado para alcanzar una y otra vez eso que se añora, eso que se sueña.
El disparador esta ausente. La parálisis duele más cuando enferma la totalidad de las posibilidades. La parálisis oculta represión, y en la Argentina somos expertos en diagnósticos de ese tipo. En democracia también se vedan accesos, sociales en este caso.
En la democracia de Kristina hemos logrado, como ciudadanos, ser cómplices del representante simbólico de la muerte y la exclusión. Y después, queremos encarcelar y por si fuera poco, seguir reprimiendo…
Empecé pensando en la trascendencia del vivir, concluyo descubriendo la desidia del sentir…
Por Laura Mizrahi
Comentarios (2)
T 16º H 94% 

Excelente nota… me viene a la mente un cuento que en nuestro caso, en esta republiqueta con aires de… es historia cotidiana, es vigencia..
(solo un fragmento de Eduardo Galeano..)
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Un pensamiento transversal que se vive día a día. La solución quizas no este en nuestras manos, ya que en la generalidad de los casos los lectores de este medio no somos políticos, gremialistas o jueces. Somos simplemente Argentinos, que tenemos el poder cada 4 años en las urnas de torcer el destino de nuestra Argentina, después podemos hacer escuchar aunque esta acción carezca de sentido ante los sordos oídos de nuestros gobernantes.
Desde mi lugar creo que para salir de este vaciamiento de proyectos hay que apostar a la educación.
NO a la creación de nuevos edificios (donde los negociados son un costo añadido).
SI a la educación individual de cada niño, joven y adulto, para que sea productivo a la sociedad.